En las leyes civiles se dice que todos somos iguales ante ella. Pero para nadie es un secreto que una inmensa mayoría de las veces al menos en mi país. La aplicación de la ley no es igual para que un banquero que para un fabricante de bancos. Con respecto a las leyes eclesiásticas o divinas donde las cosas deberían ser otro modo no dita mucho de ejemplo que acabo de citar. Haciendo filas para la canonización hay hombres y mujeres con las mismas o más prerrogativas que Juan Pablo II, pero claro estos no tienen en las oficinas del Vaticano las influencias que tiene desde el cielo Juan Pablo II y otros. Por solo citar un ejemplo fijémonos en la Monseñor Romero tiene tanta o más madera para ser santo que Juan Pablo II. La pregunta es ¿Por qué no está oficialmente en los altares? Porque para muchas gentes por no decir el pueblo es Santo. Para beatificar o canonizar a Monseñor Romero no hace falta ningún milagro. ¿Por qué su causa sigue tan retrazada? No estoy en contra de la canonización de Juan Pablo II. Pero lo rápido que ha ido su proceso me lleva a preguntar ¿por qué otros procesos tan como congelados? No pretendo responder esta pregunta, sino invitarlo a leer estos dos breves artículos y a que saquen sus conclusiones. 
La actualidad de la vida y mensaje de Monseñor Romero
La figura de Monseñor Romero es una figura que crece con el tiempo. En cada aniversario hay más actividades, más estudios, más pronunciamientos, mas posters, más celebraciones de su vida y su mensaje. Monseñor Romero es nuestro salvadoreño más universal, precisamente porque reflejó en su vida y mensaje lo más puro, lo más cristalino, lo más auténtico de nuestro ser, de nuestra salvadoreñidad.
En Monseñor Romero se juntaron estrechamente en un solo cauce la vida y el mensaje, la cruz y la poesía, la fe y la palabra, el testimonio y el compromiso, la denuncia y el martirio. Deseo en esta ocasión ahondar sobre cuatro facetas de su vida y de su mensaje, aspectos que me parecen fundamentales para entender el impacto de su personalidad en el comportamiento de la sociedad e iglesia salvadoreña. Estas cuatro facetas son: su conversión, su fe, su concepto de dignidad y su compromiso con la justicia.
Monseñor Romero y la conversión
Monseñor Romero fue un convertido. Una persona que supo abrirse al cambio, que supo transformar su forma de ver las cosas, a una edad avanzada, él cambió, se transformó, se convirtió en tres aspectos básicos: en lo social, en lo político y en lo teológico.
En lo social, Monseñor Romero, en tres años de ministerio pastoral, colocó a la iglesia al lado de los pobres. Y esto lo obligó a cambiar de amistades, no porque el quisiera, sino porque no lo comprendieron y lo denunciaron, y lo criticaron, lo acusaron de ser comunista. El abrió las puertas de la iglesia a los sindicatos, a las cooperativas, a los estudiantes universitarios, al movimiento popular. Los terratenientes, los generales, los grandes banqueros, la embajada, se asustaron por esto y con mucha razón.
En lo político, Monseñor Romero rompió con toda una tradición de la iglesia de apoyar a la dictadura militar, rompió la alianza entre cuartel e iglesia, y se dedicó a denunciar la injusticia social, a la que él llamó, en la onda de Medellín, el pecado estructural. Se convirtió en la voz de los sin voz y miles de salvadoreños y salvadoreñas escuchaban los domingos como la verdad se derramaba desde la catedral y llegaba hasta el último cantón y la última barriada popular. Se volvió un referente por la democracia.
En lo teológico, en nuestro entendimiento sobre el misterio de Dios, Monseñor Romero nos enseñó, en la más genuina tradición evangélica, que Jesucristo se revela en los más pequeños, en los que sufren, en los necesitados. Y hacia ellos orientó su accionar pastoral, de manera decidida. Y en una situación como la de nuestro país hace veinte y dos años le correspondió ir recogiendo muertos, incluso de sacerdotes. La represión era muy fuerte en aquella época porque se trataba de detener el vendaval de la revolución.
Monseñor Romero y la fe
Monseñor Romero fue una persona de una profunda fe en Dios. En nuestro Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Creyó firmemente en el Dios Padre, el Dios del Antiguo Testamento, en Yahvé, el creador de los cielos y la tierra, un Dios que escucha y que actúa, Yahvé escuchó los clamores del pueblo de Israel prisionero en Egipto y lo liberó con mano fuerte de la opresión del faraón, así dice la Escritura. Monseñor Romero creyó en este Dios liberador, nuestro único Padre.
Monseñor Romero creyó en el Hijo, en nuestro Señor Jesucristo, que nació de la virgen María, que fue crucificado, muerto y sepultado, pero al tercer día resucitó de entre los muertos, que durante su vida curó a los enfermos, consoló a los que sufren, denunció a los poderosos y nos anunció el reino de Dios. Creyó en el Jesús de Nazaret, rebelde, subversivo, militante y comprometido.
Monseñor Romero creyó con una confianza infinita en el Espíritu Santo. En esa fuerza divina que nos impulsa a luchar por la justicia y que es la herencia que nos dejó Jesús, hasta que regrese de nuevo a juzgar a los vivos y a los muertos. Fue el Espíritu Santo el que le infundió a Monseñor Romero la fuerza, la energía, la inteligencia, el coraje para trabajar y luchar en condiciones muy difíciles, de mucha represión y de mucho temor.
Monseñor Romero y la dignidad
Monseñor Romero fue una persona humilde, alegre y muy digna. Muy humilde, nunca permitió que el puesto de arzobispo se le subiera a la cabeza. Fue por eso que rechazó vivir en el palacio arzobispal y se fue a vivir al Hospitalito de enfermos de cáncer. Y es que se identificó mucho con la gente, quería a la gente y la gente se lo agradeció, lo aceptó y también lo quiso mucho.
Asimismo fue una persona de una gran alegría. Se deleitaba con las fiestas patronales, que le permitían visitar a los pueblos y compartir con la gente que lo invitaba a comer y a charlas y a reír. Porque así como compartía las tristezas, también compartía las alegrías. Monseñor Romero fue una persona muy digna. Con un alto sentido de la dignidad. Y esto lo llevó a enfrentarse con los poderes establecidos de este país. O sea con la oligarquía, con los militares, con la siempre presente Embajada e incluso con sus compañeros, con la misma cúpula eclesial. A cada uno de estos sectores le dirigió su palabra evangélica y profética.
Ala oligarquía le recomendó que compartiera la riqueza, que entregara los anillos de oro al pueblo antes que este en su desesperación, les cortara los dedos. Que la riqueza suntuaria era un escándalo ante los ojos de Dios. Al gobierno de los Estados Unidos también le habló, le escribió al presidente de ese entonces, a Jimmy Carter, expresándole que si realmente creía en los derechos humanos debería d suspender la ayuda militar al gobierno salvadoreño.
Y uno de sus pensamientos más valientes, más evangélicos, es cuando hace un llamado a las bases del ejército y a los cuerpos de seguridad a que antes de obedecer una ley de los hombres que les ordene matar deben obedecer la ley de Dios, que dice: no matar! Y con la fuerza del Espíritu Santo les dice: “les pido, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios: cese la represión!” . Un verdadero profeta, su voz sigue y seguirá resonando en esta patria pobre, sufrida, golpeada, pero digna y luchadora. Y su sonrisa nos sigue convocando a la fiesta, al encuentro alegre de hombres y mujeres libres.
Monseñor Romero, un enamorado de la justicia
Monseñor Romero fue un enamorado de la justicia, porque amaba a su pueblo sufrido, perseguido, reprimido. Esto lo llevó a denunciar el pecado estructural, a convertirse en voz de los sin voz, palabra evangélica viva y poderosa, que consolaba a los sufridos y denunciaba a los culpables de tanto dolor y tanta muerte. Por eso defendió los derechos humanos, a los campesinos, a los obreros, a las señoras de los mercados, a los estudiantes universitarios. Dialogó con las organizaciones populares, en aquel entonces con la Coordinadora Revolucionaria de Masas,CRM, habló con Juan Chacón y con Manuel Franco. Alabó y promovió la organización popular y también criticó sus debilidades, sus excesos, con voz de amigo, de pastor, de compañero.
Su voz, su palabra, su vida, su mensaje, continúa orientando nuestro caminar, hoy en una situación mucho más compleja y a veces confusa, sin una fuerza dirigente que marque el rumbo, y con altos niveles de dispersión orgánica e ideológica. Antes la dictadura militar nos aglutinaba a luchar a todos y a todas. Hoy es más difícil. Esto vuelve a la palabra de Monseñor Romero más vigente y más urgente.
Nos indica la necesidad de seguir caminando, junto a los que sufren, con su Espíritu combativo que es el Espíritu de Dios. Monseñor Romero esta presente en las nuevas batallas por el pan, la libertad, la alegría y la dignidad. Somos dueños de la esperanza. Somos herederos y herederas de Monseñor Romero. Nos enorgullecemos de ser del pueblo de Monseñor Romero.
Y seguimos siendo un pueblo de mucha conversión, de mucha fe, de mucha dignidad y de mucho compromiso. Es por eso que vamos a estar aquí en ASTAC la noche del 23 en la Vigilia por la Dignidad y la Paz. Y es por eso también que vamos a marchar el próximo 24 de marzo como Foro de la Sociedad Civil, vamos a marchar aunque venga Bush, aunque haya amenazas de represión, allí estaremos y el espíritu de Monseñor Romero estará con nosotros y nosotras. Gracias.
Que no se dijo sobre el “beato” Juan Pablo II
Una vez más, el establishment mediático español se ha movilizado para promocionar la figura del Papa Juan Pablo II. Su última expresión fue el Informe Semanal de Televisión Española (30.04.11), en su reportaje a raíz de su beatificación. En tal reportaje se ignoraron varios datos. Veamos.
Juan Pablo II visitó Chile en 1987 cuando estaba gobernado por uno de los dictadores más sangrientos que ha conocido Latinoamérica: el General Pinochet, que había destruido un régimen democráticamente elegido, y presidido por el Presidente Allende, jefe del gobierno de Unidad Popular (al cual tuve el gran privilegio de asesorar). El objetivo de tal gobierno democrático fue el mejorar el bienestar de la población. Cuando las políticas públicas desarrolladas por este gobierno afectaron a los privilegios de los terratenientes, de la banca, de la oligarquía chilena, y de las clases pudientes, éstas –como había ocurrido en España en 1936- presionaron al Ejército para que realizara un golpe militar.
Durante su visita a Chile, el Papa no hizo ninguna declaración pública crítica hacia aquella dictadura que incrementó sustancialmente el número de pobres del país, además de asesinar, torturar y exiliar a miles de personas que habían trabajado para mejorar la calidad de vida de sus clases populares. Pero, peor incluso que su silencio fue la promoción de Angelo Sodano (miembro del Opus Dei y amigo del Dictador), entonces Nuncio del Vaticano en Chile (que había declarado en múltiples ocasiones sus simpatías por el dictador y por la dictadura) como Secretario de Estado del Vaticano. Fue Angelo Sodano el que más tarde intervino e hizo gestiones con el gobierno británico para liberar al General Pinochet cuando este estuvo retenido en Londres (como resultado de la orden de extradición de Baltasar Garzón).
En realidad, Juan Pablo II lideró, junto con la administración Ronald Reagan, la lucha contra los movimientos reformistas –incluida la teología de la liberación- que se oponían a las enormes desigualdades que se generaban y reproducían en aquel continente. Estas desigualdades se sostenían a base de una enorme represión llevada a cabo por dictaduras sangrientas apoyadas, de nuevo, por Ronald Reagan y por Juan Pablo II. Informe Semanal apenas tocó este hecho, dedicándole solo unos pocos segundos.
Tales políticas fueron también responsables de cambios profundos dentro de EEUU. La Iglesia Católica estadounidense se había caracterizado por favorecer al Partido Demócrata al considerarlo más sensibles a los temas sociales que el Partido Republicano, próximo al mundo financiero y empresarial. Juan Pablo II se movilizó para cambiar esta situación. Hizo de la oposición al aborto y a la homosexualidad el punto clave de lo que llamó con cierta incoherencia “la defensa de la vida y de la familia”. A partir de entonces hubo más católicos votando al Partido Republicano que al Partido Demócrata. Y como consecuencia, aumentaron sustancialmente la pobreza y las desigualdades sociales en EEUU, responsable del aumento de la mortalidad infantil y del deterioro del estándar de vida de las familias estadounidenses.
Las políticas promovidas por Juan Pablo II son también responsables de la muerte de millones de creyentes católicos con SIDA, al oponerse a la utilización del condón, la medida preventiva más eficaz para prevenir su contagio. Esta prohibición en países africanos donde el 20% de la población adulta tiene SIDA condena a millones de personas en aquel y otros continentes a la muerte. Hablar de tal Papa como el defensor de la vida es tergiversar el significado del término vida, identificando a ésta con la muerte. Nada de esto se dijo en Informe Semanal.
Coherente con sus simpatías hacia dictaduras fascistas o fascistoides (que apoyaron y fueron apoyadas por la Iglesia) Juan Pablo II enfatizó el homenaje a la Iglesia Católica española por su comportamiento durante la Guerra Civil, cuando la jerarquía eclesiástica apoyó un golpe militar que interrumpió un régimen democráticamente elegido, la II República, convirtiéndose en el eje ideológico de la dictadura más cruel que haya existido en la Europa Occidental en el siglo XX (por cada asesinato político que hizo Mussolini, el asesino dictador hizo 10.000). 
El supuesto amor de Juan Pablo II por la libertad se reflejó en que honró a las víctimas de la represión republicana, que ocurrieron en los desmanes (censurables) realizados en contra del deseo de los gobernantes, mientras que ignoró a las víctimas del lado golpista que la Iglesia apoyó activamente, interrumpiendo la libertad en España. Nada de esto tampoco se mostró en Informe Semanal.
Pero donde las incoherencias de tal Papa aparecieron con mayor intensidad fue en su comportamiento referente a la pederastia. Ocultó y silenció los deleznables comportamientos de clérigos que aprovecharon su autoridad para abusar de menores. Juan Pablo II era plenamente consciente de lo que ocurriría y la evidencia existente muestra que lo ocultó. Tal tolerancia también incluyó la corrupción.
Es difícil de creer que Juan Pablo II no supiera lo que era ampliamente conocido en Méjico sobre el fundador de los Legionarios de Cristo y el comportamiento de tal secta. El detestable personaje que la fundó (a la cual pertenecen miembros destacados del PP) era conocido por sus prácticas corruptas.
Cuando visité Méjico, tales comportamientos eran sabidos por la intelectualidad mejicana que me invitó. No es sostenible indicar que tales hechos fueran desconocidos por el Papa. Informe Semanal tampoco dijo nada sobre ello. Hubiera sido deseable que una televisión financiada por todos los españoles fuera más equilibrada en su reportaje y no contribuyera a promocionar a un beato, pronto Santo, que tiene muchísimas sombras, además de las luces que el establishment español aplaudió. (www.vnavarro.org)
Fuentes
Rev. Roberto Pineda
Ponencia realizada el 20 de marzo de 2002 en el Centro Cultural la Mazorca de ASTAC
V. Navarro www.vnavarro.org
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