No es puede ser normal…

 Hace un par de semana salio los periódicos una noticia a la que se le prestó poca atención y que  en mi opinión  es una noticia alarmante, pero es que a este tipo de noticia no se le presta la debida atención, en muchos países apenas son noticias en los medios más sensacionalistas.

Se trata  de que  en nuestro país  se suiciden cada mes 36 personas. Eso es grave.  En el primer cuatrimestre de este año, en el país se registraron 146 suicidios, unos 36 por mes, de acuerdo a los archivos estadísticos de la Procuraduría General de la República.

El ex presidente del Colegio Médico Dominicano, el psiquiatra César Mella, entiende que en lo que va de año la taza de suicidio (cerca 8 por cada cien mil habitantes) se ha incrementado debido a la crisis económica, el desempleo y tensiones emotivas.

“Es posible que la situación de desesperanza, el agravamiento de la crisis económica, el aumento del desempleo, el cierre masivo de zonas francas, y otros factores como las depresiones nerviosas y distintos quebrantos mentales estén influyendo en esta cifra”, aseguró el reconocido especialista.

Mella entiende que el registro oficial de suicidios debe ser duplicado o triplicado para entender la real magnitud del fenómeno social que constituye la tercera causa de muerte en el mundo, de acuerdo a los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A nivel mundial, las tasas de suicidio se han incrementado en un 60 por ciento en los últimos 50 años, según la OMS.

Los países subdesarrollados como República Dominicana son los más afectados. La organización asegura que cerca de un millón de personas se suicida cada día, lo que equivale a una cada 40 segundos.

La vida humana es un don recibido  de Dios destinado a desarrollarse hasta su plenitud,  de modo que quien  la ha recibido tiene el derecho inexcusable  de cultivarla.   El hombre no es dueño absoluto  de su vida.  Se  espera de él que sea un buen gestor de esta. Y que como buen administrador la conserve  y la promueva a la plenitud  a la que está llamada y convocada.

“El suicidio es  el último y final signo  de desesperación  y desconfianza en  uno mismo, en Dios y la sociedad. Una rebelión a cara descubierta, la última expresión de una  autonomía destructiva frente Dios.” Conviene no perder de vista  que en la realidad de la vida rara  vez el suicidio contiene  una malicia deliberada como lo presentan la religiones  sobre todo la cristiana.

Ante la triste realidad del suicidio hay que ser más cautos porque  en la práctica, a la hora de la verdad,  las cosas funcionan de otro modo. Cuando recibimos la triste noticia  de que un amigo  o conocido  al que consideramos como una persona buena  y amable ha llegado a tomar la extrema salida del suicidio, antes de hacer juicios y consideraciones morales, o algo más grave, el intento de juzgarlo, pensemos que se produjo un cortocircuito  psicológico  y no un acto moralmente responsable. Yo personalmente siento una  terrible pena por las personas que toman esta fatal salida.

El suicidio  un acto personal y voluntario  llevado a cabo, por la persona. Pero cuidado con esta justificación, eso no exime a  la sociedad,  esta no está exenta de una cuota de participación  en tan extralimitada decisión,  ya que muchas veces las personas son tratadas  de un modo que son invitadas prácticamente  a desaparecer del escenario de la vida, por ello un intento de suicidio se convierte  en un desesperado esfuerzo de llamar la atención y exigir  la ayuda adecuada. O mandar un mensaje del que nos hacemos saldos como sociedad.

Es por  que en lugar  de levantar  el dedo inquisidor para acusar al suicida, la sociedad y las Iglesias o religiones deberían ponerse en actitud de  discernimiento  para descubrir las causas que conducen  a una persona  a tomar este tipo de opciones  tan extralimitadas antes de considerar al suicidio como una  deliberada y destructora  rebelión  del  ser humano frente a  su creador y a la sociedad.

Con esta actitud evadimos nuestra responsabilidad social y nos hemos acostumbrado a ver y suicidio  y otros atentados contra la vida como algo normal. Nunca podrá gozar de bienestar una sociedad que no valora la vida. Aunque paradójicamente las sociedades mas desarrollada del mundo son las que presenta una mayor tasa de suicidio otra justificación   que no vale  para permanecer indiferente ante esta triste realidad.

 

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