Walt Whitman una materia pendiente ( primera parte)

En mis dos viajes a la ciudad de Nueva York me ha quedado una materia pendiente. La visita a la casa de Walt Whitman. Cuando salí  de Nueva York en mi primer viaje, me prometí que lo primero que haría cuando volviera, era ir a la casa del más grande de los poetas  del continente americano, pero tampoco pude ir. Cuando regrese a casa y me disponía entrar llego el periódico. La primera página de la sección de cultura traía  un reportaje  del poeta. Mientas tomaba un café lo leí y estoy de acuerdo con lo que plantea  el autor en el primer párrafo.

WhitmanNo recuerdo como fue mi primer encuentro con Whitman. Lo más probable es que habiendo escuchado hablar de él o en algunas citas en mis lecturas, en unos de esos mementos en los que me dedicaba a hurgar en bibliotecas públicas y privadas encontrara la obra del autor y decidiera leer algo y desde la primera línea que leí  me cautivo.

Lo primero que me impresiono del autor de Hoja de hierba  fue su vida un canto a la libertad y a la autenticad, después sus escritos. Para mi Whitman es un autor sagrado y su casa un templo al que espero visitar en mi próximo viaje a la ciudad de Nueva York y escribir otro post por ahora  veamos lo que dice el reportaje de Basilio  Belliard.

La primera edición de la poesía de Walt Whitman que leí fue la antología Canto a mí mismo, traducida por Borges. A partir de esa experiencia de lectura, arribé a la conclusión de que se trata del mayor monumento de la creatividad poética y de la imaginación lírica de todos los tiempos.

Whitman es un poeta esencial del espíritu norteamericano que persiguió alcanzar la Dias-Whitmanautoconfianza del individuo. Poeta de la exaltación del optimismo: telúrico, hímnico, épico; cantor de la democracia y del ser americano, es la representación del ideal del poeta que quiere oírse a sí mismo. Dice Harold Bloom que Whitman “divide su ser en tres: el yo, el yo real y el alma”. De ahí que estamos ante un poeta cuyo yo es una multitud, lo cual entraña una búsqueda cósmica y panteísta.

Whitman es todo y es nadie: buscó ser todos los hombres del mundo, y nombrar todas las cosas del universo. Por eso hay en su mundo poético una geografía, una botánica, una orografía y una hidrografía, al nombrar ríos, montañas, árboles, plantas, lagos, océanos, islas, lugares, etc. con la intención de que no le faltara nada, y de darle dignidad y dimensión poética a todo lo que nombró.

Ese afán por enumerar todas las cosas como un Dios es lo que me fascina de Whitman, y su monumental obra Hojas de hierba. Creó una exuberancia verbal que semeja un bosque de signos, objetos y cosas, mediante la técnica de la enumeración poética caótica, de la que tanto uso hizo Borges, con espectacular eficacia estética.

rocioLa personalidad poética de Whitman tiene un tono panteísta, y ese panteísmo delata su sentido de ubicuidad, pues su yo refleja un inmanentismo que nos recuerda la egolatría de los poetas románticos. Whitman tenía conciencia de su personalidad interior, de su yo poético. Su alma lírica representa el alma americana, como podemos leer en su Canto a mí mismo.

Desde su conciencia poética le cantó a la naturaleza porque quiso reconciliarse y consustanciarse con ella, y a su vez, le sirvió de impulso creativo. Ningún otro poeta ha cantado tanto desde su yo poético, y mucho menos, con tanta vehemencia y pasión. Esa fue su gran proeza: el hecho de escribir una obra monumental, inagotable y abierta, donde casi no falta nada, en la que casi todo está dicho, nombrado o enumerado.A través del canto y la palabra, trató de estar en todas partes, y acaso lo logró. Su obra fue su vida. Ya lo dijo Octavio Paz sobre Pessoa: “La mejor biografía del poeta es su obra”. Querer ser todo es también, amén de un panteísmo, una metafísica.

De ahí que Whitman diga: “Quien toca este libro toca un hombre”. Por eso quiso hacer de su cuerpo y de su carne, materia de todos, pues la carne dura poco, y Whitman lo que trató fue hacer de ella una eternidad, porque como dijo Mallarmé: “Toda carne es triste”.la tumba

Todo poeta debe leer a Whitman. Pero también, todo amante de la lectura y de la buena literatura, porque su obra poética nos ofrece perspectivas de lecturas y enigmas que nos conmueven, ya que como nos dice Bloom: “Necesitamos leer a Whitman por la conmoción de perspectivas nuevas que nos proporciona, pero también porque sigue profetizando los enigmas no resueltos de la conciencia estadounidense. Y un mundo que se vuelve cada vez más americano también necesita leerlo, no solo para comprender a los Estados Unidos, sino para entender mejor en qué se está convirtiendo”.

Fuente

Basilio Belliard, Walt Whitman y el panteismo  en Periódico Hoy

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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